Los mineros en su laberinto

Tras diecisiete días de huelga en la minería de Asturias y León crece la violencia en los enfrentamientos con la policía y con ella los heridos. El Gobierno no da respuesta a las exigencias de los mineros que rechazan el recorte a la subvención del carbón. Es un laberinto sin salida.

Los pozos astur-leoneses son yacimientos profundos donde la extracción del mineral, a la par que penosa, es poco rentable por su precio. Además, el carbón no es de muy buena calidad por lo que aquellas industrias que siguen utilizando esta fuente de energía prefieren importar de otros países europeos donde las explotaciones son a cielo abierto, sacarlo es más fácil y sus precios más competitivos.

Son las compañías eléctricas las únicas que utilizan el carbón nacional para sus centrales y eso merced a la subvención del Estado. La Unión Europea autorizó en septiembre de 2010 que estas ayudas se prorrogaran hasta el 2014, con el argumento de que cumplían los límites fijados por Bruselas de que solo afecte al 9% de la producción total de electricidad.

Fue esta una batalla pírrica del Gobierno de Zapatero para tratar de apoyar a los mineros. Su intención era que las ayudas públicas se extendieran hasta 2018. Al final la UE cedió pero con un calendario de reducción gradual de la subvención. Fue una prórroga de la agonía dado que la crisis económica amenazaba con los recortes en todos los sectores que llegaron después.

La minería lleva recibiendo ayudas de la UE desde 1986 pero los planes de reconversión del sector han fracasado uno detrás de otro. Además, los sucesivos gobiernos han mantenido una posición ambivalente sobre la permanencia del carbón como fuente de energía alternativa ante una nueva crisis del petróleo o el gas.

Lo cierto es que solo en Asturias más de diez mil personas viven directa o indirectamente de la minería. Que su trabajo es una tradición que pasa de padres a hijos y ocupa a pueblos enteros de las cuencas del carbón.

El Gobierno de Zapatero habría hecho bien en 2010 si hubiera emprendido una verdadera reconversión industrial en las zonas afectadas dado que las ayudas estaban destinadas a desaparecer. Lo que en este momento mantiene en pie de guerra al sector es el silencio administrativo del ministro de Industria quien reitera que las ayudas se han acabado antes de tiempo y no ofrece alternativas de recolocación.

La situación es mala, hay cinco millones de parados, los recortes alcanzan a la Sanidad y a la Educación, pero los mineros se merecen una alternativa que no sea la de dejar en la indigencia a miles de familias de un día para otro. La solidaridad social, antes tan activa en este tipo de conflictos ahora languidece ante las dificultades generales. No obstante León se conmovió la otra noche al quedar tenuemente iluminada por las lámparas de miles de mineros que exigían soluciones.

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