Cerro de Plata de Bolivia, entre la explotación y la preservación

El Cerro Rico de Potosí se ha erigido en un verdadero monumento histórico y, sin duda, es uno de los símbolos más grandes de los bolivianos, aunque hoy se debata entre la explotación y la preservación, tras 465 años de la explotación minera que le ha causado alarmantes fisuras.

De acuerdo con estudios recientes, como efecto de las constantes excavaciones mineras que se han intensificado en los últimos años, se comprobó un daño serio en la estructura de la montaña y se corre el creciente riesgo de que se hunda irremediablemente.

En entrevista con Xinhua, el ingeniero minero Manuel Rufino Flores, explicó que en los hechos el Cerro de Plata es hoy una montaña cuya estructura quedó hueca dada la intensa explotación de minerales a la que se la ha sometido en forma casi ininterrumpida desde el siglo XVI.

En 1987, la ciudad de Potosí y el Cerro Rico fueron declarados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad debido a su incalculable valor histórico. Sin embargo, ante el hecho irrebatible de sus daños, y tras una evaluación técnica de sus estructuras, la UNESCO advirtió que no se descarta la posibilidad de retirarle el título.

Según el historiador Sergio Conte, Cerro Rico es para muchos la tumba de más de ocho millones de esclavos indígenas que durante siglos extrajeron plata de sus entrañas. Para otros, es un yacimiento inagotable, todavía fuente de trabajo y atracción turística fundamental de Bolivia.

Descubierto en 1545, el ‘Sumaj orcko’, su nombre en idioma quechua, ha llegado a ser la mina de plata más grande del mundo y diariamente recibe a más de 5.000 trabajadores en busca de estaño, zinc, plomo, plata y otros minerales.

Las reservas minerales del Cerro Rico equivalen a poco más de 682 millones de toneladas, según datos de la estatal Comibol; sin embargo, al ritmo de explotación que tiene actualmente, de unas 4.000 toneladas diarias, esa riqueza podría durar sólo 500 años.

Empero, un estudio del Instituto Geográfico Militar reveló que el cerro se hunde a razón de 0,3 milímetros por minuto y su forma cónica original ya no es distinguible desde algunas zonas de la ciudad.

HUNDIMIENTO DEL CERRO

La intensa explotación del Cerro Rico produjo al menos 150 hundimientos en la superficie de la montaña, según hallazgos recientes, lo cual hace temer un colapso de consecuencias inimaginables.

En una inspección conjunta entre la corporación minera de Bolivia (Comibol), el Servicio Geológico y Técnico de Minas (Sergeotecmin), representantes de la gobernación y organizaciones sociales, se evidenció que en la parte superior del cerro rico existe un hundimiento de cerca de 8 metros de profundidad y 4 metros de ancho.

En entrevista con Xinhua, el ingeniero Gabriel Arancibia, gerente de Comibol, explicó que debido a la alta cotización del estaño entre 1950 y 1985, éstas minas han trabajado intensamente en la cima del cerro.

Según el investigador, el hundimiento se debe principalmente al intenso trabajo que minas como San Luis, Esperanza, Aurora, San Gil, San Bruno y otras han llevado a cabo para explotar estaño.

Estos análisis propiciaron que el Comité de Defensa de la Preservación de la “Montaña de Plata”, sugiriera la suspensión de los trabajos de explotación en el lugar.

La situación llevó al gobierno del presidente Evo Morales a prohibir toda actividad minera sobre los 4.400 metros de altitud (el cerro tiene una altura de 4.800 metros) en octubre del 2009, hasta que los estudios sobre la situación real del yacimiento hayan concluido.

Por su parte, Armando Zambrana, miembro de la comisión interinstitucional, lamentó que a la fecha no se haya presentado el estudio geológico por parte de Sergeotecmin, pese a los recursos proporcionados por parte de Comibol y la gobernación del departamento.

La UNESCO espera los resultados de dicho estudio con el objetivo de tomar algunas acciones de preservación, con el riesgo de perder la nominación de “Mensajero de la Paz”, en caso de no concluir el estudio respectivo.

Ante ello, sugieren identificar otras regiones de explotación minera, para reubicar a los mineros cooperativistas, además de exigir a la Minera Manquiri que abandone por completo las áreas de explotación por encima de la cota 4.400.

Un 25 por ciento de la población de Potosí vive del cerro y los que no trabajan en el cerro piden la preservación. Sin embargo, estos últimos dependen indirectamente del trabajo en la mina, según el Comibol.

TURISMO, LA ALTERNATIVA

Más de una decena de agencias de turismo, así como jóvenes mineros, ofrecen visitas guiadas a las minas del cerro, donde uno puede comprobar que poco o nada ha cambiado en 450 años de extracción.

En el lugar, la temperatura varía desde unos pocos grados centígrados a asfixiantes 45 grados.

Para el historiador Conte, la alternativa a la reducción de la explotación del Cerro Rico es el turismo planificado y alternativo. Ahora, dijo, “dependerá de los gobierno nacional y departamental trabajar en la explotación del turismo del emblemático cerro”.

Los cooperativistas que buscan minerales en el Cerro Rico hacen casi toda su tarea a mano, en una atmósfera contaminada de gases tóxicos que mata a muchos luego de apenas 10 años de trabajo.

Sin inmutarse ante la llegada de turistas y otros curiosos, los mineros potosinos trabajan en socavones que en muchos casos tienen apenas un metro de diámetro, por donde se deslizan hasta las vetas de zinc y plata que explotan con dinamita, sin más protección que unos metros de distancia.

La expectativa de vida de estos trabajadores potosinos es muy corta; con suerte, algunos logran pasar los 50 años, muy debilitados por la silicosis, mal que afecta el sistema respiratorio y es causado por los polvos inhalados. (Xinhua)

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